martes, 20 de marzo de 2012

Reseña: Hugo, de Martin Scorsese

(...) pensé que todo tiene su propósito, hasta las máquinas...
--Hugo Cabret, Hugo (2011)

El día de hoy, lector, decidí dejar de lado mis masturbaciones de costumbre para ver una película que excitó la imaginación y el interés de mi padre (un hombre que, entre más conozco, más ángulos desconocidos le encuentro...): Hugo, de Martin Scorsese.

Basada en La Invención de Hugo Cabret, de Brian Selznick, quien por cierto es también diseñador, la película narra las aventuras y desventuras del personaje epónimo en ese desconocido París de mis nostalgias en los años '30 del siglo pasado. Hasta aquí todo bien... creo.

Verás, lector. Debo confesar que he descuidado mucho mi gusto cinematográfico, debido a mis problemas personales, la falta de tiempo, y a que cada vez me parecen más pretenciosas las cintas sudamericanas, españolas y mexicanas. En efecto, ya no me dicen nada: siempre es una historia donde la vida es una enorme tragedia y el personaje principal la supera y hay un complejo mensaje "simbólico" que al final no me sirve de nada. Haz de cuenta como "Tres metros sobre el cielo" o "Postales de Leningrado". Si bien "Rescatando al Soldado Pérez" o "Los Pajarracos" son honrosas excepciones.

Y entre este desencanto del cine, de repente me encuentro con Hugo. ¿Por dónde empiezo? A riesgo de que en este mismo momento cierres esta página, déjame contarte, mi imaginario lector, que me encantó porque es una enoooooooooooooooorme historia de amor. Pero no, no huyas, lector, déjame continuar.

Sé que el amor, en el cine actual, es como la figura del dragón occidental que, según JLB, "su presencia en cualquier relato lo contamina de puerilidad". Eso se debe a que el amor es un ejercicio ramplón y frecuentemente sexual en nuestra moderna cultura, plagada de madurez y desencanto. Pero ese amor ilustrado tan burdamente es sólo una faceta de un diamante muy rico y complejo.

En "Hugo", básicamente el odio no existe. Cada quien es como es porque cada quien ama de maneras distintas, y al final vemos que incluso los actos de "crueldad" que aparecen en la cinta son consecuencia del amor que cada quien siente por algo. Verbigracia: los actos del Inspector de Estación (de quien nada más no logro recordar el nombre). Como habrás notado, es el antagonista de Hugo. Pero vemos que Hugo y él comparten una misma convicción: que cada cosa tiene un propósito. Entonces cada uno, a su modo, intenta hacer lo correcto.

Pero te decía del amor. El amor está presente en cada escena y en cada acción: Mademoiselle Lisette cuidando sus flores, Madame Emilie regenteando su cafetería, Melies y sus juguetes, Hugo mostrando el amor a su padre reparando su autómata... y finalmente, el enorme amor de Martin Scorsese por el cine, y su homenaje a la primera gran figura después de sus inventores: Georges Melies.

Y entonces, lo que empieza como otra película infantil de aventuras, de repente se convierte en un semidocumental sobre el inicio del cine fantástico, narrada por su mismísimo inventor!!! El director logra que te involucres con la vida de Mélies y sientas su felicidad y su desencanto, su asombro ahora y su decepción después, su postramiento y ese "estar roto" que lo hace sentir sobrante en el mundo.

Pero Hugo, el hijo del relojero, nos da esa perspectiva planteada desde la misma escena de apertura de que nada sobra en este mundo, y que las cosas son felices si hacen aquello para lo que fueron hechas. Unos narrarán, otros le darán a un libro un hogar, otros escribirán, otros soñarán, y otros aprenderán a sonreír. El amor de verdad  no es solamente una persona, o una cosa. Es también el amor por lo que eres y haces, y ese es un tema cada vez más mal manejado en el cine latinoamericano. El amor en esta cinta es una cosa inocente y plena, que hace mucho no veía en una pantalla.

Y al final, al mirar la panorámica, puedes sentir lo involucrado que estuvo Scorsese en esta cinta. Puedes sentir su fascinación y su enorme gusto de compartir su visión del cine, codificada en los enfermizos niveles de detalle en cada escena, tanto que casi podría oler las flores y los panes y los cafés y los perfumes y el carbón en esa estación de trenes. Tanto que puedes imaginar sus emociones cuando vio por primera vez las imágenes que te comparte, o las emociones de Mélies, quien bajo esta óptica podría ser el personaje principal y Hugo Cabret sólo el conducto para conocerlo... casi como si el mismo Scorsese te presentara a uno de sus ídolos.

Quizá este texto, más que una reseña, sea una hipérbole sobre esta cinta. Pero si no lo has hecho aún, lector, toma el riesgo y escucha mi recomendación: réntala o cómprala o cómprala pirata. Esta vez no terminarás triste o preocupado u ofendido. Sencillamente, te sentirás al menos un poquito feliz.

Fu-Manchú.
Los Siete Bosques de Vancouver, WA
20 de Marzo de 2012, 05:26pm PST

miércoles, 8 de febrero de 2012

Sobre el voto

When you vote, you are exercising political authority, you're using force.
Cuando votas, estás ejerciendo autoridad política, estás usando la fuerza.
--Jean Rasczak, en Starship Troopers

Pues resulta, lector, que hace rato tuve una gran plática con el maestro Pablito respecto de los ultra izquierdistas, esto debido a un buen camarada de parranda que la rola de activista político últimamente. El asunto es que la plática derivó en un humilde servidor disertando sobre cuestiones de política y filosofía, de por qué hay al menos dos radicalidades en el modo de ver la misma cosa entre los ultras que conocemos y yo, y cuestiones así.

Quizá lo más chido de la plática fue enterarme que el muchacho de marras se sentía un tanto patidifuso, azorado digamos, ante el panorama político actual de México. Se le hacía un galimatías incomprensible, debido principalmente a la desinformación que permea en nuestro país y a la abrumadora campaña de medios que hace que la población considere inútil todo ejercicio de sus derechos civiles. La parte chida que decía vino cuando le desenredé la madeja de desinformaciones y le hice saber lo que yo considero el compromiso de los filósofos (y en general, de toda persona pensante).

Sabemos que los políticos, como generalidad, son bestias inútiles que sólo entienden el lenguaje de la fuerza. ¿Pero cómo puede manifestar el individuo su fuerza, que es la que le da poder al político? Sólo puedo pensar dos vías: la armada, o la del voto. En efecto, esto puede sonar iluso. Pero el voto es un instrumento que previene, precisamente, que la ciudadanía se manifieste con las armas. Verás, lector, el sentido de que votes, aunque tu voto te parezca inútil, es que entre más votos se emitan, más difícil se hará ocultar un fraude. Esa es la lógica que permitió que Luiz Inácio da Silva (algunos pobres imbéciles miembros de la prensa piensan que Lula es parte de su nombre y ni lo ponen entrecomillado ni en itálicas, pero hay noticias: Lula es el diminutivo de Luiz en portugués americano) se hiciera con el poder en Brasil: no hay votos inútiles. La fuerza del individuo multiplicada por la acción del grupo es lo que gana elecciones y guerras.

Así pues, lector, ahora sabemos que la manera de imponerles nuestra fuerza al gobierno sin llegar a las armas es votando. Pero eso sólo lo sabemos tú y yo. Y aquí entra la parte del compromiso, porque todo conocimiento que no se comparte es letra muerta. Tú y yo tenemos la responsabilidad de combatir la indignante desinformación del aparato gubernamental y mediático con la información que poseemos. Información que debemos buscar fuera de la caja idiota, fuera de los opinólogos como Gómez Leyva o el payaso rebaboso, porque como dijo aquel, toda revolución comienza en la mesa de una biblioteca. Háblale a la gente, cuéntales de por qué no es inútil su voto, explícales el desastre continuado que propone Vázquez Mota (no me queda muy claro el por qué algún panista grita "Viva la Mota!!!") o el inefable cinismo de Peña Nieto.

Así pues, lector, junta votos. Y sábete que valiéndome madre, declaro que apoyo a López Obrador, y más ahora que el siempre ultramesurado Cuauhtémoc (Cárdenas, no Blanco) lo ha reconocido como el candidato correcto. Lucha conmigo, aunque nuestras trincheras están lejos, porque esa cofradía de ladrones, cínicos e inconscientes no pueden ganar para siempre.

Y después del desahogo, hasta más ver, lector!

Fu-Manchú
Los Siete Bosques de Vancouver, WA
Miércoles 8 de febrero de 2012, 11:29pm PST

martes, 31 de enero de 2012

Comercial

Fíjate, lector, que apenas hoy me llegaron mis audífonos monitor Sony MDRV600... chale, eso es un comercial. Pero me vale madre. Lo importante es que, ahora que estoy empezando a descubrir mi afición por la música, me doy cuenta de qué tanta diferencia hacen unos buenos audífonos.

Por principio de cuentas, estas cosas tienen mucho menos crosstalk que los Logitech que estaba usando. Además, parecen tener un rango dinámico incluso mayor que los otros in-ear Sony MW600 que estaba usando. Incluso el circuito de potencia parece ser, pues, más potente.

Sea como sea, creo que hoy, por primera vez en mi vida, pasaré una tarde escuchando música, jejejeje.

jueves, 26 de enero de 2012

Sobre

Sobre el concepto de juego


Has notado, lector, el modo en que juegan los niños? Permíteme ser un poco más específico. Recuerdas cómo se jugaba cuando los dos querían jugar a algo pero desconocían las reglas? Mi experiencia propia generalmente era: los dos inventábamos nuestras reglas y nos divertíamos de a madre. A veces algún niño (generalmente uno más grande o con más experiencia) intentaba crear o torcer las reglas en su favor, pero en general, había un consenso en ellas y todos se divertían y todos contentos.


En mi vida, intenté llevar este concepto a mis relaciones de pareja. Infelizmente, he aprendido que a las mujeres adultas les provoca mucha inseguridad que se les diga "juega conmigo". Aparentemente, creen que decir eso es una falta de seriedad. Por el contrario, recuerdo que los juegos eran cosa seria: se les ponía todo el esfuerzo, toda la imaginación, se perdía uno en el contexto del juego y de repente todo lo demás quedaba olvidado mientras uno jugaba. Recuerdas eso, lector? Creo que la palabra "juego" está cargada de connotaciones negativas en estos días porque tendemos a pensar que es la negación misma del compromiso. Pero en un mundo de adultos y traiciones, ¿no sería fantástico encontrar a alguien que quisiera compartir un juego contigo?

Podcast...

Así es, lector. Como dije en otro lado, Don Quijote es hijo de Cervantes y su soledad; así que yo, con bastante menos humildad y abrumadoramente menos talento, he parido con la mía un muy penoso hijo acústico. Decía John C. Dvorak que todo blog es una página de vanidad, y obviamente, el mío no iba a ser la excepción. A pesar de mi muy horripilante voz y de mi pésima técnica de locución (Gabriela aún recuerda los días en que de hecho aspiraba a ser locutor), mi vanidad se ha impuesto y he comenzado a poner cosas en la sección de "Podcast", jejeje. Por supuesto, lector, no esperes nada extraordinario. Soy un tipo aburrido con una voz aburrida que habla de cosas aburridas. Aún así, todo queda entre tú y yo, de ser imaginario a ser imaginario... me atrevo a pensar que, dada la ocasión, nos habríamos ganado tú y yo un lugar en algún docto lugar del volumen de Borges... LMAO!!! Como sea, siéntete en la libertad de checar el dato y asustarte con mi voz y dormirte con mi técnica. Mientras tanto, hasta más ver, lector.

miércoles, 25 de enero de 2012

martes, 24 de enero de 2012

¿Cómo se hace?

¿Qué es una escaleta? ¿Qué es un guión? ¿Qué demonios es "correctamente"?