martes, 25 de marzo de 2008

Memoria de mis mentiras (no sé si tristes)

... los mentirosos tienen que tener, ante todo, muy buena memoria...

--Malena Lete, entrada de blog "La Mentira"

 

Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras...

--Ireneo Funes, según Jorge Luis Borges en "Funes el Memorioso"

 

Hay pocas maneras de explicar con sencillez (al menos Fu-Manchú conoce pocas) el concepto de "relatividad". Uno de mis favoritos lo encuentro en cómo ve la gente a la gente. En efecto, el que algunas personas me agarren de escucha me ha servido para ver las opiniones tan distintas que pueden llegar a tenerse de una misma persona: puta, apretada, mamona, "buena onda" (lo que sea que signifique), etc., etc., etc.

 

La razón de comenzar una entrada como esta es sencilla: sólo por hoy, Fu-Manchú considerará un poco de sus motivaciones personales. En parte, quizá, para sacar algo de la basura en el desván. Claro que, al único lector de este espacio (el otro murió a consecuencia de una mordedura de aguacate: estaba mordiendo unos tacos de chicharrón con aguacate y guacamole mientras leía la entrada "Hoy no hablo yo", lo cual le provocó un incontenible ataque de ira que, combinado con las conocidas propiedades asesinas del fruto de marras, lo mató de un torzón fulminante) podría despertarle su curiosidad el hecho de que Fu-Manchú hable de sí mismo. Aunque también podría valerle una soberana madre.

 

Quizá, pensándolo bien, tendría más pinta de ajuste de cuentas o algo así. Antes que comenzar por el principio, que por cierto se encuentra al principio de líneas cuyo principio no se ve (como esos inacabables tubos de vapor que se pierden en las sombras en Alien), quizá lo conveniente sea comenzar por lo inmediato. Cuando entré a mi última carrera, vi a demasiada gente. Me relacioné con muy pocos, y de ellos, escogí a algunos para crearles una imagen de mí. Las razones son variadas, pero entre las principales está el considerar los posibles puntos en común.

 

El único fracaso, si se puede decir tal, llegó de la dirección menos esperada. Al menos, no se esperaba entonces. Resulta que alguna persona me pareció interesante por el ardor de sus opiniones, por su actitud en general. Claro que compartir desprecios no es, ni mucho menos, una condición suficiente para una amistad, pero uno siempre considera que la gente es más o menos de lo que en realidad es. En principio, consideré oportuno "apagar el firewall" y dejar que esta persona me conociera un poco mejor. Entonces me di cuenta de que tal era capaz de usar las cosas que se le daban como armas arrojadizas.

 

Una cosa que me ha llamado la atención es que siempre he sido un mentiroso. Así, decidí hacerle saber a esta persona cosas falsas sobre mí, sólo para saber hasta qué punto su falta de tacto superaba el concepto común de discreción, o de honor. Pues bien, resultó que en una discusión especialmente álgida, abandonó la lógica y, como dice en el muy divertido "Diccionario de Falacias", se puso a lanzar falacias "Ad hominem". Esto es, en lugar de responder a un argumento, se dedicó a lanzar insultos y descalificaciones personales. Puesto en un contexto más amplio, comencé a notar un patrón: efectivamente, es una persona que gusta mucho de hacer observaciones personales, personalísimas: usualmente usa una voz más "golpeada" (lo que sea que ello signifique) para hacer mofa de quien fuere. Y no sólo eso, siempre es para remarcar la inferioridad de quien fuere con respecto a lo que sea, amén de machacarlo una y otra vez.

 

Especialmente, es curioso su desprecio hacia lo que llama "capitalismo". En algún bar, se quejaba al menos tres veces de "la cerveza más cara que me he tomado" (la contradicción de quien se queja de todo). Alguna vez esta persona me mandó al demonio. Así que decidí mentir y pedir disculpas, darle la razón para ver si podía caer más bajo, puesto que no aceptaría más razonamientos. Y, como los emperadores romanos, accedió graciosamente a conceder la disculpa. Pero eso sí, exigió que abandonara mis sarcasmos y groserías. Accedí a ello, midiendo con cuidado, puesto que expresiones en apariencia inocentes le parecían sarcásticas. Pues bien, el resultado era el esperable: esta persona no dejó de mandar hacia mí los sarcasmos y groserías que no toleraba para sí.

 

Y, en el colmo del cinismo, algo reciente. En una plática, una respuesta basada en algo que salió de su propio teclado le pareció una imperdonable burla. He revisado el texto con gente que no conoce a la persona, y que sabe cosas sobre el lenguaje más avanzadas que yo, y siguen sin encontrar la burla o el insulto. Será porque para alguien tan mentiroso como yo, cada palabra es un pie en un campo minado: pocas cosas se dicen sin pensar. Y, cuando iba a preguntar el por qué de la reacción, se me pidió que abandonara mis discursos "sesudos" (ignoro si se decía peyorativamente, pero no conozco a nadie que le guste que lo callen con un calificativo).

 

Y la conclusión: en una borrachera reciente, esa persona fue invitada. Decidí sondear el terreno para ver si algo había cambiado (siempre espero más de todos), pero no. Pedí disculpas a sabiendas de que no me correspondía, y primero recibí una reafirmación de mis defectos y luego una forzada aceptación. Más adelante, cuando estaba aburridísimo y quería irme, las personas reunidas no consideraban conveniente que me fuera. Pero yo quería irme e insistí en ello, aunque sin dar explicaciones. Eso llevó a la persona en cuestión a deducir, quizá sobre la base de mucha TV o mucho Cuauhtémoc Sánchez (son igual de malos), que todo lo hacía yo por necesidad de atención. Eso es de llamar la atención en una persona que gritaba a voz en cuello en las canciones de mariachis. Claro que no iba a perder el tiempo explicando que, en mi caso, es más necesidad de aprobación, lo cual no implica buscar la atención de todos.

 

En ese punto, me di cuenta: creé una imagen de sometimiento que no había calculado. Pero, también, me di cuenta que no había en esa persona cosas suficientes para entablar una amistad. Y eso molesta. Así que sólo le di la razón, nada más para que no siguiera cavilando, y armé más mentiras para salir pronto de ahí. Además, aunque resulte difícil de creer, me gusta caminar de madrugada. Y hacerlo borracho siempre es una experiencia interesante. El punto principal de esto, era sacar mi molestia con esa persona. Me acusaba de irreflexivo, y no reflexionaba. Me acusaba de impulsivo, y obedecía al impulso. Me acusaba de grosero, y me trataba con groserías. Hace poco he decidido que no tengo necesidad de la aprobación de gente así. Y aquí se acaba el modo de escritura neutro, usado para proteger su identidad.

 

Lo que sí haré, y pronto, es pedirle una disculpa a quien puso la casa para la borrachera. Y cooperar con el vidrio de la mesa roto. Aunque no recuerdo bien, estoy casi seguro de que tuve algo que ver. Y claro, será una disculpa sincera, tanto por el vidrio, como por la mentira que tuve que aventar con tal de que me dejaran salir. Creo que de alguna manera la ofendí, aunque la historia que inventé en el momento fue muy buena. Y claro, hubo al menos una sorpresa agradable: descubrir que M y J son personas más interesantes de lo que había supuesto. En el caso de M, me parece que tiene más talento de lo que cree. En el caso de J, me parece que tiene más talento del que yo creía. Ahora sí estamos hablando. Y claro que trataré de dejar de mentir, y de ser tan orgulloso que no les acepto ni su ayuda.

 

Y bueno, ya. Estemos tranquilos. Este estilo de escritura, medio impersonal hablando de cosas personales, no se me da. Pero si quieres quitarte el mal sabor de boca de este horripilante escrito, lector, te haré una sugerencia. Un libro que habla sobre gente mucho más mentirosa que yo, para que al menos me veas con alguna benevolencia. Sólo podía ser un libro de agentes secretos, británicos además: "El peregrino secreto", de John LeCarré. Lo bonito de ese libro es que, como en mi vida, como en la tuya, como en la de todos, hay mentiras que se recuerdan por tantos años que llegan a parecer verdades. Y también enseñan que el mentiroso menos hábil es el que se cree las propias.

 

Fu-Manchú

Locación X, D.F.

25 de Marzo de 2008, 01:04 am.

lunes, 17 de marzo de 2008

¡Dalí!

¡Dalí! ¿Dónde infiernos andarás metido? Te lo pregunto porque, en estos días, nadie está exento de pisotear tu ilustre memoria y la del ilustre movimiento del cual fuiste parte. En efecto, en este país que alguna vez habrás oído mencionar, todos abusamos de la palabra "surrealismo". Tú mismo dijiste alguna vez que "nunca volveré a un país que es más surrealista que mis pinturas", en referencia a México.

 

Según me explican en alguna oscura enciclopedia, "surrealismo" viene del francés, y significa "por encima" del realismo. Me pregunto si eso puede aplicar a un país como México. Si uno se pone medio científico (un tema que seguro no es muy del agrado de mucha gente), estando suspendidos en el ilusorio medio de la nada no podemos hablar de "arriba" y "abajo". Más sencillo: si no sabemos ni dónde estamos ni hacia dónde vamos, podemos hablar de que subimos cuando en realidad vamos para abajo, como el agua en cierta carretera de Colima.

 

Tú mismo, Dalí, hablabas del surrealismo de una república (mi maestro de Física en Secundaria, Chávez, decía que era la "Res Pública". Claro que, como todo idiota abogado debería saber, "Res" significa "cosa" o "asunto", cosa que no sabía entonces. Si algún indigno practicante de esa carrera lo duda, reclámele a Umberto Eco, quien me lo enseñó) que en realidad no lo poseía. En efecto, algunos pintores o escultores como tú o Carrington o Varo pretendieron fijar imágenes de sueño, imágenes que violan sin ensalivar la lógica normal. Sin embargo, tú y yo sabemos que las cosas que hacen que a México le llamen surrealista obedecen a una lógica bien clara: son consecuencia del clasismo, del racismo, y tantos y tantos ismos que no mencionaré, pero que constituyen sólo una apariencia bastante distante de lo surreal.

 

Por todo lo dicho, lo consideran "por encima" de la realidad aún sin saber dónde está esa elusiva "realidad". Bien podríamos estar por debajo. Claro que hablar de "subrealidad" me es inalcanzable, al menos por ahora. Pero quizá podamos ponerlo de esta manera. Si para los surrealistas el sueño era algo que no pertenecía a la realidad cotidiana, entonces propongamos el "subrealismo" como otra cosa ajena a la realidad cotidiana, pero de un grado inferior. ¿Por qué inferior? Mientras que al sueño la realidad le vale madres, las cosas "subreales" pretenderían ser reales (o surreales). ¿Mucho enredijo?

 

Sí, en este ejercicio satírico pongámoslo de esta manera: Algo "subreal" por excelencia serían las telenovelas. En efecto, tenemos adefesios como "Central de Abastos" o "Alma de hierro" (¿se llama así?). Quien haya andado por la Central de Abastos, o que al menos haya sido lo suficientemente pobre para no comer un día o comer arroz cocido con palomas de la Iglesia, sabe que en el barrio está cabrón para que haya gente bonita o para que haya perdón o para que alguien sea razonable. No es imposible, pero es difícil. Estas telenovelas pretenden "retratar" la realidad. Aunque lo cierto es que la vida no es tan sencilla o despreocupada en esos sitios como lo pintan en la tele.  Y la mayoría estamos bastante feos. En ese sentido, el más real es Daddy Yankee: está feo como barro de adolescente y no manifiesta grandes pretensiones. Y lo surreal, claro, sería un güey de trajecito empujando un diablo cargado de billetes a lo largo de un cielo hecho de diamantes, con una cara a la vez hermosa y arquetípicamente terrible. Es el ejemplo más claro que se me viene a la mente para explicarte, Dalí, por qué México como generalidad no es surreal. Y me imagino que habrás pelado los ojotes que siempre solías pelar en las fotos.

 

No obstante, aunque en lo general México no es surrealista, hay detalles que marcadamente lo parecen. Quizá el que más me ha gustado de esta semana es uno que te va a dejar, mi estimado Chavita, con el ojo surrealistamente cuadrado. ¿Conoces a los "emos"? Supuestamente, la idea émica se podría resumir en "everything is fucked, everybody sucks (including me)". Pues bien, aquí también hay punks. Y entonces, resulta que los emos, sacando fuerzas de flaqueza y levantándose de su postración vital, deciden manifestarse para defender su derecho a existir (claro que, asumiéndose desmadrados por todos, exigen el respeto a una libertad que se apoya en la ley... raro, ¿no? Surrealista, casi diríase).

 

Y los punks, que se consideran una suerte de "anti-anti", pus se aparecen para desmadrarlos por la justificación que gustes: por validar al Estado represor al exigirle libertad, por ser tan intolerablemente estúpidos, etc. Y comienza la madriza. Los emos repartiendo madrazos desde lo más hondo de su herido (¿por qué?) corazón y los punks repartiendo catorrazos desde lo más profundo de sus mohicanas (o sus calvas artificiales). Y la policía llega marchando y los otros quieren seguir peleando y, cuando van a empezar los macanazos, ¡chin!

 

Unos y otros voltean con desconcierto hacia la estación del Metro Insurgentes, donde unos címbalos y tambores (aparentemente sin orden ni concierto) suenan en las manos de unos calvos surgidos de las entrañas de la Tierra (quien lea esto dirá que soy un obsesionado del sexo). Así es: un pretendido grupo de choque del Hare Krishna llega a meter paz (que no "¡paz!" como onomatopeya) entre policías, emos, punketos y alguno que otro colado que sólo anduviera por allí por el mero placer de la trifulca. Y no me vas a creer, pinche Chava, ¡funcionó! Funcionó tan bien que, para mantener ese clima de anonadada paz y desconcertada cordialidad, las autoridades permitieron que a punks y a emos se los tragara la Tierra gratuitamente: permitieron la entrada gratuita al metro de la bola de barrabravas. Eso sí, primero una facción y después la otra. ¡Hare, Hare!

 

Así es, Dalí. ¿Dónde andarás? Tus ojos clínicos (no explicaré esa fina ironía) estarían deleitados captando detalles en México. En los detalles está el Diablo, y créeme, si hay algún surrealismo en México, se escapa a lo que viste desde esa cima a la que te llevó tu arte. Pero el poco que hay, es riquísimo. ¿Cómo le habrías llamado a tal cuadro? Ni pinche idea. Pero igual y hubiera terminado siendo algo como "Punks, emos y policías perseguidos por el Hare Krishna surgido del inframundo". Nel, eso parece casi encabezado de nota de la sección policiaca o de película de luchadores. Y ya no hablemos de un lugar llamado "Dada X" (¡!), donde hasta cadenero tienen en la entrada, o del reino del revés, donde nada el pájaro y vuela el pez, etc...

 

Y antes de que alguien diga que copio al güey del "Epistolario", diré que esto no es propiamente una carta. Estoy platicando con Dalí.

 

Fu-Manchú

Las Siete Montañas de Tláhuac.

17 de Marzo de 2008, 01:26 am.

 

PD: Mis mejores saludos para mi amigo Ian Soriano, a quien felicito ante la próxima publicación de su nuevo libro, y agradeciéndole de nuevo el gran honor de haberme invitado a prologarlo. ¡Buen desmadre, mi buen Ian!

viernes, 5 de octubre de 2007

Hoy no hablo yo...


--Algo cierto acerca del problema es que suele ser falso

Fu-Manchú (yo, pues)

Contra mis mejores intenciones, parece que seguiré la moda de usar este medio para hablar de nada. Claro que, según me hace notar el pequeño filósofo que todos llevamos dentro, eso ya está muy visto. El Meister Eckhart anduvo hablando sobre el fruto de la nada. Me preguntaría sobre mi existencia, pero ya se ocupó de eso un mozalbete llamado Jean Paul Sartre. Me gustaría hablar sobre libros que he leído, pero ya antes Borges se imaginó "el Paraíso bajo la especie de una biblioteca".

Hoy siento la necesidad de la catarsis, pero se me adelantó Antonio Fuguet y la inverosímil tinta roja de Alfonso Fernández. Podría ponerme meditabundo, de haber faltado aquellos extraños ojos de Zapata que Taibo retrata como cosa fácil. Incluso podría ser trágico de no existir Aquiles, o Jasón, o Héctor, o Argos, o Juan Dahlmann, o Anthony Quinn investido de vejez y pesca, o mi padre surcando el anonimato de una noche de frontera.

Quizá sea que uno poco a poco se convierte en lo que lo rodea, o lo que nos rodea se convierte en uno, al modo de los grises inmortales. Por ello, tenso entre un final que no concluye y un inicio que no inicia, temo escribir el punto final o la primera letra. Quizá por ello busco a Dios, como quiera que se escriba, pero insiste en eludirme. A veces creo intuirlo entre una letra, en una multitud, en el paso del gato, en el aire que me rodea. Pero sólo son indicios de indicaciones de indicios, como se dice que se cuenta la trama policiaca de Almotásim.

Claro que es divertirlo imaginarlo, aunque ya lo haya descrito Umberto Eco. Quizá un numen jubiloso al estilo franciscano, o uno multiglorioso al estilo benedictino. Pero mi imaginación se detiene especialmente en uno que es más que luz, uno total, como el que encontró Juan de la Cruz alguna noche oscura. Me consuela la imagen, pues todo lo que sobre Él diga mi boca pecadora, ha de ser mentira... ojalá que se consume la excepción al hablar yo de Su existencia.

¿Por qué Dios? ¿Por qué no? El problema no soy yo, ni ellas, ni ellos, mis estupideces del pasado (que, por cierto, ya no existen) o mi desconfianza en el futuro (que, por cierto, aún no existe). El problema es que somos humanos, como decía Stalin. Me gustaría creer que somos la canción dentro de la melodía, como postula Elvis Costello. Me gustaría poder creer que estamos llenos de bellos errores. Pero cada vez pareciera que el error es condenable, que de modos misteriosos, la perfección les ha hablado de sí misma. Quizá el problema es que quizá no hay Dios, ni ellos, ni ellas, ni yo, ni siquiera tú; quizá sólo hay una existencia gesticulando, gritando, agitándose en el ilusorio medio de la nada. Y a veces, sólo a veces, me gustaría poder decirte algo por mí mismo.

Fu-Manchú

Las Siete Montañas de Tláhuac

05/Oct/07, 2:17 am

lunes, 10 de septiembre de 2007

Algunas nubes

-Parece que va a llover. (...) ¡Mira esas nubes!

-Han de ser nubes de mierda. (Respondió Belascoarán Shayne)

Paco Ignacio Taibo II, "Algunas nubes"

 

Antes de ser crucificado por alguno de los dos (quizá uno, porque el otro se hallaba en un delicado estado de salud, debido a la furia que le inspira leer este espacio) lectores de este nubario, aclaro: la inexactitud de la cita se debe a que la hago de memoria. Como casi todo, ahora que lo medito... Pero bueno, si esto fuera mi clase de Prensa II o III, Juan Antonio Muñoz Soto me hubiera agarrado a patadas. "¡Cabrón! Esa cita no tiene sentido y el lead no atrapa al lector. Hazlo de nuevo."

 

Dejemos el lead de lado. ¿Nubes de mierda? Efectivamente, la lluvia que cae sobre la Ciudad de México no parece purificar nada. Al contrario que en el campo, aquí la lluvia no refresca, más bien alborota el bochorno. Antes que limpiar el cielo, ensucia el suelo: así de contaminado está el asunto. Y, con alguna consideración supersticiosa, seguro que esta agua lleva disuelta toda la mierda verbal y de otras clases que arrojamos al ambiente en la capital. Es una lluvia espesa, caliente, pegajosa, que hace que los micros huelan como dicen que huele el metro francés. Una lluvia mierdosa que retroalimenta su mierdosismo: las filas de autos en el Periférico, Viaducto, Circuito Interior y otras devuelven al aire lo poco que le haya quitado la lluvia...

 

¿Por qué me quejo? Porque cada vez hay menos espacio para el optimismo. Las noticias de las últimas semanas me hacen pensar que este país tan propenso a la tradición está cerca de verificar una más: la de armar una revolución armada en los años "10". Como se recordará, ya tuvimos una en 1810 y otra en 1910. Es hora de la tercera que, quizá, será "la vencida" (leve mexicanismo). ¿Qué motivos tiene Fu-Manchú para pensarlo? Primero que nada, el hecho de que mi novia de tantos años y yo nos hemos mandado al demonio precisamente hoy. (En realidad no fue así, pero fue hasta hoy que pareció irrevocable. Además, soy un patán.)

 

Además, este domingo, mientras atestiguaba la inenarrable derrota del América por 4-0, me crucé con un noticiero que daba una nota furiosa... curiosa, quiero decir; la furia la puse yo. Vi la bandera de México cargada por unos niños y niñas de un colegio de paga, entrando a la Catedral. Vi a un gordo con sus ropas de sacerdote haciendo el saludo a la bandera. Hasta esta noche me enteré, en una nota por lo demás bastante mala de Milenio.com, que Norberto Rivera no acudió a esa ceremonia. De haber estado, se lo acaban.

 

¿Por qué me escandaliza la ceremonia esta? ¿Acaso los sacerdotes no son ciudadanos de la República? ¿Acaso no tienen derecho a rendirle honores a la bandera? Yo creo que sí son ciudadanos de la República. Creo que tienen derecho a rendirle honores a la bandera. Pero también creo que cada cosa en su lugar. Pongamos la situación inversa: ¿sería aceptable que se realizara una misa en un edificio de gobierno? Todo lo que tenga que ver con los símbolos patrios es de carácter laico, y por tanto las ceremonias civiles, como es rendir honores a la bandera, deben celebrarse en lugares laicos.

 

Pero el principal argumento de Fu-Manchú (a quien nadie ha reconocido en su disfraz de jacobino) es la sospecha de que la Iglesia pretende mandar un mensaje falso. A saber, que la posición política de la Iglesia Católica es neutra. Nadie que sepa un poco de política cree eso. Infortunadamente, en un país tan religioso como el nuestro, el padrecito aún puede mover algunas masas. Y si se ponen como patriotas frente a la gente, y repiten su mentira mil veces, algún incauto hijo de Tizoc como yo podría terminar creyéndoles. Podría pasar lo que pasó a todo lo largo de Jalisco, tierra prometida de la mojigatería; los sacerdotes inducieron el voto en 2006 con una frasecita bastante cínica: "el 6 de julio, recuerden que el cielo es azul y blanco".

 

Y claro, piden por los gobernantes a todo lo largo y ancho del país (como si merecieran la ayuda de Dios). Desde luego, Fu-Manchú se arranca los pelos y, con su calva luterana, apoya la idea de que el único destinatario de la misa es Dios, y si se ha de pedir por alguien, seguro que los gobernantes ocupan el último lugar de la lista. En resumen: no se puede dejar que la Iglesia Católica, y de hecho ninguna organización religiosa, ande metida en política. Efectivamente, si uno no aprende de sus errores, corre el albur de repetirlos. Y la historia de México nos enseña que la combinación de política y catolicismo es especialmente nociva, de ahí que se impusiera un control tan férreo sobre las instituciones religiosas. Si empiezan opinando, querrán acabar participando.

 

Tolete en mano, quien escribe cree que bichos tan peligrosamente hipócritas, sibaritas, manipuladores, llorones, cínicos, pudientes, condescendientes, insultantes a la inteligencia, caraduras, medievales, depravados, mustios, inquisitoriales, encubridores, excluyentes, y (Dios nos ayude) antidemocráticos como Norberto Rivera, Guilermo Schulemburg (¿se escribe así?), Onésimo el Magnífico (¿qué imbécil lo apodó así?), Juan Sandoval, entre otros, deben mirarse cuidadosamente. Con el mismo cuidado conque ellos vigilan las críticas que se les hacen. Y, definitivamente, no deben tener medios de comunicación electrónicos en el espectro público (me imagino la invasión religiosa de tantos canales... y si alguien cree que el "Pare de Sufrir" es una organización religiosa, se equivoca: es un fraude-coco-wash masivo). Los medios deben servir al público y a la nación, no a los intereses particulares de una organización religiosa... aunque ya sirven sólo a los intereses particulares de dos empresas. Desde luego, si alguien cree que esta postura es extrema y excluyente, podría revisar antes la postura de la legendaria Oriana Fallaci frente al islamismo.

 

Y las noticias no acaban. La Reforma Fiscal será un asco. La Reforma Energética tendrá más hoyos que Bob Esponja. Y en materia de Seguridad Pública se pone mejor y mejor. ¿Alguien recuerda a la Guardia Pretoriana de FElipe CALderón? Después de aclarar que las mayúsculas se siguen trabando, recuerdo que el Presidente pretendió reunir un numeroso grupo de soldados de élite (así como se escribe, "élite". "Elít" -elite- no está en español, aunque los tarados de Teidiotiza crean que pronuncian muy bien) para su exclusivo servicio, como si no bastaran los Guardias Presidenciales. Ahora el siguiente paso consistirá en cateos, arrestos e interrogatorios sin el estorbo del Ministerio Público. Eso estará muy bien... para los policías. Igual que con el nuevo Reglamento de Tránsito para el DF, el único beneficio será para los de la placa, puesto que las mordidas subirán de precio.

 

Bottomline

 

No podemos dejar de advertir el peligro. Aunque Fu-Manchú, en su traje de monje de alguna inconfesable confesión, descree de la política, igualmente considera que es un peligro presente hasta para él... con algún límite, claro. Por eso debe verse con lupa cada palabra que digan los políticos, cada acto en el que participen, cada mano que estrechen, cada alianza. Porque sus declaraciones valen de muy poco. Y, en especial, hay que vigilar a la "oposición". No olvidemos, oh my little brothas, la masa de diputados traidores del PRD que dieron su visto bueno a la llamada "Ley Televisa". Y no olvidemos que, entre ellos, estuvo el siempre rabioso Pablo Gómez.

 

Hablemos hasta con nuestros niños. Creemos conciencia política. No dejemos que el único objetivo de la gente que conocemos sea ver Gaviota o como infiernos se llame la novela de las 9. Para el gobierno somos todos sospechosos, y por eso FElipe CALderón pretende meternos miedo a todos: que el EPR, que ductos que se dañan, que el narco. Pretextos para movilizar todo grupo armado del Gobierno y dejar bien claro que el Estado Mexicano, representado por su Presidente, no permitirá que se violente el orden y el Estado de Derecho. Pero, ¿nos gustan este orden y este Estado de Derecho? ¿Acaso no podemos cambiarlos? Claro que podemos. Pero sólo si preguntamos, si dudamos de la tele (con sus López Dórigas, Javieres Alatorres, Víctores Tufillos, Carlos Marines o Hannias Novelles o como se escriban), si dudamos de todos aquellos que oprimen, manipulan y mienten. Y, por encima de todo, si encontramos la manera de exigirles a aquellos que dicen representarnos. Hay momentos en que creo que aún se puede.

 

Fu-Manchú

Las Siete Montañas de Tláhuac

11 de Septiembre de 2007, 1:31 am. 

viernes, 7 de septiembre de 2007

Otro que muerde el polvo

Mors est quies viatoris, finis est omnis laboris

(La muerte es el descanso del viajero, el fin de todo trabajo)

Guillermo de Baskerville, según Umberto Eco en El nombre de la rosa

 

Ayer por la noche, me enteré con cierta desolación de la muerte del gran Luciano Pavarotti. Quizá resulte inesperado para alguno de mis dos lectores que alguien tan... no sé, rupestre como Fu-Manchú se interese por esa noticia. Habrá quien considere, incluso, que mi contacto con la ópera se reduce a Les Pêcheurs de perles, en cierto oscuro capítulo de Smallville; o a O nume tutelar, que se incluye en la película Filadelfia, con la (ahora) no menos muerta e igualmente grandiosa Maria Callas. Pero, en cualquier caso, ¿por qué se interesa Fu-Manchú por esta noticia?

 

Bien, sencillamente, la primera vez que escuché con atención una ópera, fue el (lo supe hace poco) inicio del tercer acto de Turandot. Así es, la que pusieron en el Auditorio Nacional hace unas semanas. Pero volvamos al relato. Hace unos años escuché una voz llena de fuerza, plena de triunfo, o al menos de épica, que entonaba "Tramontate, stelle! All'alba vincerò!". Sabido que las lenguas latinas aún guardan cierto parecido, me pareció enorme, gigantesca, la manera de cantar esa línea. "Al amanecer venceré". O, sin revolcarse tanto, "Al alba, venceré". ¿Y qué voz hacía grandiosa aquella línea? Efectivamente, niños y niñas, no era Alex Lora. Era Luciano Pavarotti.

 

¿Por qué el impacto? No lo sé. Si tuviera que proponer una diferencia entre análisis y apreciación (aunque de inmediato saltaría un filósofo a decirme que me equivoco, y otro a decirme que sólo parcialmente), diría que la apreciación implica una comunión con algo, ya sea para amarlo u odiarlo. El análisis exige disecar, abstraer, exteriorizarse de ese algo. Por tanto, si bien no puedo analizar ninguna ópera, sí puedo compartir mi apreciación de vez en cuando. Ese galimatías de una princesa china llamada Turandot o un príncipe no menos chino llamado Calaf, toma todo el sentido del mundo, para su congénere Fu-Manchú, en el retrato de una determinación inflexible. Así es, la misma que Borges se imaginó "tan irrevocable como el rígido pasado", y contagia de determinación a quien quiera escuchar.

 

Esa determinación sólo podría emitirse dentro de su contexto; si nos ponemos algo estrictos, de un modo operístico. Así, la fuerza que implica el dicho es respaldada por la fuerza en la voz del tenor, quien, no olvidemos, no sólo repite las letras (como hacen los modernos "artistas"). El tenor es un actor también. Y, así como Superman será por siempre Christopher Reeve, Calaf será por siempre, para Fu-Manchú, Luciano Pavarotti. Que las horas más oscuras de este juntaletras se iluminen por una sola línea: "All'alba vincerò!".

 

Fu- Manchú

Las Siete Montañas de Tláhuac

7 de septiembre, 2007. 11:58 am.

 





 

PD:

Quien lo desee, puede escuchar un sample de Nessun Dorma en el Reproductor que está a la derecha.  Aunque está codificado a sólo 32kbps, este sample no podrá ocultar la magnificencia de la voz. Por otra parte, consigno aquí una traducción de lo que se escucha en el sample.

 

Nessun dorma, nessun dorma ...

(Que nadie duerma, que nadie duerma ...)
Tu pure, o Principessa,

(Tú también, Princesa)
Nella tua fredda stanza,

(En tu fría estancia)
Guardi le stelle

(Miras las estrellas)
Che tremano d'amore

(Que tiemblan de amor) 
E di speranza.

(Y de esperanza)

 

Ma il mio mistero è chiuso in me,

(Mas mi misterio se encierra en mí)
Il nome mio nessun saprà, no, no,

(Mi nombre nadie sabrá, no, no)
Sulla tua bocca lo dirò

(Sobre tu boca lo diré)
Quando la luce splenderà,

(Cuando resplandezca la luz)
Ed il mio bacio scioglierà il silenzio

(Y mi beso deshará el silencio)

Che ti fa mia.

(Que te hace mía)

 

Voces
Il nome suo nessun saprà

(Su nombre nadie sabrá)
E noi dovrem, ahimè, morir.

(Y nosotros deberemos, ay, morir)

 

Dilegua, o notte!

(¡Disípate, oh, noche!)
Tramontate, stelle!

(¡Ocúltense, estrellas!)
All'alba vincerò!

(¡Al alba, venceré!)

 

Si alguien se interesa, hay en internet abundantes fuentes de información sobre la trama de Turandot. Es en especial divertido ver que a los sajones les cuesta muchísimo trabajo comprender el sentido metafórico de las frases en las que se funda la trama. Creo que, después de todo, se nota que fueron los romanos quienes nos enseñaron a hablar. Por eso son tan parecidos el italiano y el español, y un poco el francés. Pero en el caso del inglés, nada que ver. Las palabras que se parecen a las nuestras, se las enseñaron los invasores franceses a los ingleses, y eran para designar cosas demasiado abstractas que no existían en el modo de pensar sajón. Así es. En la primitiva Inglaterra no había una palabra (sabrá Dios si concepto) como "Filosofía". Pero esa, es otra historia.

martes, 24 de julio de 2007

Lo que hace mi mano derecha...


Lo que hace mi mano derecha…

El sentido de la paradoja y de la ironía no es compartido

por mucha gente. ¡Basta con manifestar un poco de humor

para que encima lo traten a uno de impostor fascista!

--Jean Baudrillard

 

Canónicamente se cree que la derecha apoya a la burguesía y la izquierda al proletariado y campesinado (se dice también que cada vez se usan más a la ligera los términos marxistas). De ser ello cierto, tendríamos a la progenie de Cárdenas pululando por ahí, haciendo colectas hasta de animales de granja para paliar pírricamente las carencias de los indígenas de Chiapas. Pero no. Hubieron de olvidarse del Tata para conformarse con la abstracción posmoderna del Che.

 

¿Por qué pensamos así? Resulta que, en una época de castillos, los representantes de la riqueza… mmm… “nobleza”, dicen ellos, se sentaban a la derecha del salón. Los representantes de los pobres… mmm… “estado llano”, nos llamaban los ricos, a la izquierda. Tal se dice que pasó alguna vez en Francia. Esto suena tan anacrónico como los caballeros y las damas; por otra parte, la analogía esa nos ha impuesto una manera de pensar tan particular que se considera (en México, siempre en México) que “dereeeeeeecha” (tono siniestro) e “izquierda” (tono de tianguis) son cosas separadas, escindidas e incompatibles. ¿Será?

 

De todos modos, Juan te llamas

 

Se sabe, ignoro por qué medios, que la copia es diferente al original que pretende reproducir. Y la copia de una copia será aún menos parecida. Los físicos sostienen que la “entropía” (así cuantifican el desorden) aumenta en cada cambio. Así, las copias serán sucesivamente menos parecidas al original y más llenas de desorden, como las películas piratas en VHS.

 

¿Por qué mencionar esto? Las democracias europeas dominantes, las primeritas (v.gr., Francia e Inglaterra, en la época actual, aunque en Inglaterra aún le piden permiso a la reina), no fueron enteramente originales en su origen. Derivan de una perversión. Los emperadores romanos condescendían a tener un Senado (o sea, su Consejo de Ancianos). Total, en algún momento, Roma se llamó República (primera copia, Platón molesto). Los reyes europeos condescienden a tener un Parlamento (segunda copia). Se elimina la cabeza (literalmente, la de Luis XVI) del rey, y al quedarse solo el Parlamento, le llaman República (tercera y pervertida copia). No se puede vivir sin rey, así que surge la figura del Presidente, y a pesar de toda la mezcla mencionada se quiere retornar a Grecia. Así es, surgen los “modernos” “Estados” “democráticos”.

 

Claro que, retornando a la analogía aquella, vemos que hubo tres “Estados generales”. A saber, la Iglesia (primer estado), la nobleza (segundo estado) y la burguesía (tercer estado. La burguesía recibe ese nombre por los ricos comerciantes de un lugar llamado Burgos, no recuerdo muy bien si en España o en Portugal, pero el caso es ese). ¿Y el pueblo? En el origen era patente que les valía una libre y soberana madre.

 

-Juan Pueblo opina… -¿De verdad?

 

Pues bien. Para seguir rellenándonos la cabeza de datos, recordemos que a lo largo de la historia hemos tenido diferentes presuntas revoluciones, reivindicadoras de lo que se guste y mande. Pero pocas (quien escribe no se aventura a postular que ninguna) surgidas en realidad de la población pobre. Primariamente, las condiciones materiales (saludos al maestro Daniel) les son desfavorables como para empezar una lucha armada. Entonces vemos que en Francia, pero más importante, en México, la pelotera ha comenzado por una burguesía rencorosa ansiosa por contarse en la cúpula de poder. Si alguien no ha perdido su inocencia, siento tener que darle la noticia: el cura Hidalgo, Padre y Prócer de la Patria, proponía para México una suerte de autonomía, no de independencia. Efectivamente, la insurrección de 1810 comenzó al grito de “¡Viva Fernando VII, mueran los gachupines!” (La máscara de Fernando VII, Ed. ColMex).

 

¿Qué más tenemos? La insurrección de 1910 fue atizada ni más ni menos que por Francisco Indalecio Madero. ¿Cuál es el asunto? Que era un hacendado de importancia, espiritista en sus ratos de ocio. Según se ve en la biografía de Pancho Villa (Pancho Villa, Ed. Planeta), Madero ya no quería queso, sino salir de la ratonera. Pero, así como Hidalgo tuvo a Morelos y Allende, así Madero tuvo a Villa y Zapata. Claro que, una vez que cayó el mal gobierno, vivió el mal gobierno. Así, los beneficiarios de la revuelta de 1810 cuentan entre sus filas al conocido Sr. López (De Santa Anna, Antonio; ya ni hablar de su Alteza Serenísima y el entierro de su pierna), mientras que la de 1910 sólo tuvo un beneficiario: PRI.

 

 A caballo pasado

 

Muy bien. Ya está bueno de historia. Mucho dato y pocas nueces. ¿Acaso Fu-Manchú no tiene algo mejor qué hacer en las Siete Montañas de Tláhuac que presumir un conjunto de datos inútiles? ¡Claro! Por ahora baste decir que todos estos datos, tergiversados, alimentan el imaginario colectivo sobre derecha e izquierda de los habitantes de la capital de México. Señalemos también que no por ser evidentes son los únicos. El movimiento de 1968 no trajo solamente mártires. Así es, mis muy estimados fans de los Pumas: Carlos Imaz fue también un participante de ese movimiento paradigmático de la izquierda. Como se ve, el autoritarismo, el dogma y la transa no están en un solo lado.

 

Efectivamente, Imaz, Madero, Hidalgo y otros no son la totalidad de los movimientos con los que se les asocia. Y tampoco Vicente Fucks, Manuel Espino ni FElipe CALderón… perdón, fallan las mayúsculas. Pero sí hay que destacar que nos inculcan, desde escuincles, el culto de la ideología colectiva. Así es, cosas como el catolicismo o el patriotismo, el derechismo o el izquierdismo. Nos enseñan a sentirnos a salvo en el rebaño ideológico. Pero cuando uno se declara seguidor de una ideología ha pasado algo más sutil, algo que poca gente nota: también hemos dado por sentadas las formas de traicionarla que, desde luego, la misma ideología establece.

 

No, no se espante la gente. Es notorio que la gente de “izquierda” o “derecha” es sumamente dogmática. De hecho, nadie admitiría que alguien en el bando contrario tiene razón en algo, a no ser que se le acuse de intransigente, y aún así no es seguro. Alguna vez alguien me tiró la acusación de “bipolar”, arguyendo que, llamándome de izquierda, uso ropa de marca, y me gustaría tener cosas. ¿Y? Que hay trabajadores esclavizados en Taiwan fabricando mi computadora. ¿Y? Hay una respuesta: cada quien actúa como sabe, o como puede, pero especialmente, como quiere. Lo inexcusable es la inacción. Y, como razonó un amigo mío de la ultraderecha, el problema es que tanto la cúpula de poder como nosotros, somos prisioneros de la misma mierda.

 

Y ni hablar de las instituciones. El mismo inquisidor desprecia al ejército de entrada, aunque matiza el tono al hacérsele notar que “ejército” es una abstracción que anula y afantasma a un puteral de individuos como él, como yo, y mejor aún, como tú; con miedos, amores, perversiones y cualidades. Igualmente con la Policía (quisiera ver a los Inquisidores vestidos de uniforme, parados todo el día en un crucero bajo las órdenes de alguien más incompente) o con la Iglesia. Luchemos, claro, contra la institución. Pero si la institución, como ente virtual, se ha olvidado de nosotros como entes concretos, no hagamos lo mismo. Bíblicamente, pues, no hagamos lo que no queremos que nos hagan. O, pirateando un poco a Paz, no ninguneemos si no queremos ser ninguneados.

 

Y, en concreto, ¿qué sugiere Fu-Manchú, en la cima de la montaña y vestido de predicador? Algo bien sencillo. Señalar que izquierda o derecha, ambas son partes de lo mismo, y están compenetradas la una de la otra. Pensemos un poco en la ruedita aquella que representa al Yin y al Yang. Lo blanco y lo negro fluyendo armoniosamente y ab aeterno. Y, por favor (alguna vez se me señaló de impositor, casi estalinista por expresarme así) notemos un par de puntitos: uno negro en lo blanco y uno blanco en lo negro. ¿Qué quiere decir? No están separadas. No hay izquierdista puro ni derechista puro.

 

¿Para qué la disputa? Hoy mismo, Portugal y España siguen peleando por América, personificados en Brasil y México, cuando lo que importa es América. Hoy siguen peleando Jacobinos y Girondinos, pero ya no en Francia, ahora en México, personificados por la izquierda y la derecha, por el PRD y el PAN.  Lo que importa somos nosotros. No heredemos peleas que no nos corresponden. No intentemos imitar sistemas importados: da lo mismo importar una democracia o un emperador, nos son igualmente ajenos. No dejemos que ellos nos dicten hasta el modo en que debemos pensar. Seamos contestatarios, seamos punks, seamos, si preferimos, escritores marginales o cajeros soñadores en un Wal-Mart. Y a veces, si nos gusta, disfracémonos y juguemos, sin mucha seriedad, a que jugamos a la política, que al fin, lo que vemos en tele y periódicos es lo que ellos mismos nombran: “actores políticos”.

 

Fu-Manchú

Las Siete Montañas de Tláhuac

25/07/07, 12:07 

domingo, 27 de mayo de 2007

De metaphorica metonimiae


De metaphorica metonimiae

 

Como he averiguado en mis recuerdos

Me enseñaron la similitud de lo complejo

Y complicado, mas con lo primero yo me alejo

De lo razonable de argumentos complicados

 

Así, no sin cierta autoridad razono (no estoy lejos)

En lo innecesario de aquello que complica

Y en lo inescindible de todo lo que implica

La intrincada unión de lo complejo

 

Por tanto, si aceptamos sobre el nombre

Que nos ilustra la compleja naturaleza

De la cosa, concluyo que negamos su belleza

Encajándole sinónimos del mismo hombre

 

Recordemos (por evitar complicaciones)

Que la naturaleza de la cosa incluye

Un nombre, y quizá el hombre lo intuye

En el vocablo (sinónimos… son sólo variaciones)

 

Ergo, como se ha sabido desde antiguo

La compleja cosa está más cerca

Del nombre, mas el sinónimo es la terca

Afirmación de un complicado razonar ambiguo

 

Y si complicar no es necesario, aún menos

Lo será buscar múltiples nombres

Y peor aún metáforas que asombren:

Torres de Babel que, según sabemos

 

Habrán de apuntar al nombre, no a la cosa

Pues no es menos el ladrón que al otro roba

Sino ladrón de segundo grado, así elabora

La metáfora una complicación que aleja de la cosa

 

Por eso ella es complicada y no compleja

Por eso inconsciencia e ignorancia no pueden

Ser sinónimos, por eso mis palabras suelen

Abrumar su complicación (no dejan

 

De señalar la cosa mientras con falso arte

Ella se complica hablándome en metáforas

Que, rayadas de metáforas

De otras metáforas son parte)

 

Sterling 27/05/07 05:21 am





PD: El que tenga oídos, oiga. El que tenga ojos, vea. El que se sienta parodiado, es parodiado.

Fu-Manchú